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Su misión: desactivar lacrimógenas

Su misión: desactivar lacrimógenas

Se cuenta con dos minutos para neutralizar una bomba lacrimógena después de ser disparada. Si pasa más tiempo, se formará una nube de gas que será arrastrada por el viento hacia la multitud y su efecto será incontrolable. Hay que verla venir, de lo contrario, puede impactarte en la cabeza o el cuerpo. Hay que correr hacia ella, agarrarla con guantes especiales, porque quema, meterla rápidamente en un bidón de agua con bicarbonato diluido y moverla hasta que se desactive. Todo esto debe hacerse a contrarreloj, sino más gente aspirará el gas y sufrirá, más aún si la policía las arroja a diestra y siniestra.

Carmelo De Grazia

Todo esto no lo sabía Gabriel*, de 24 años, el martes 10 de noviembre, cuando fue a marchar de forma pacífica como muchos jóvenes, como los cientos que se congregaron en el Centro de Lima en rechazo al golpe de Estado de Manuel Merino. Todo eso de desactivar una lacrimógena lo fue conociendo con el transcurrir de los días, cuando junto a sus amigos –egresados de carreras afines a las comunicaciones– empezaron a organizarse porque la represión policial se recrudecía. “No estaban dispersando una manifestación, la estaban atacando de forma violenta y desordenada” , dice Gabriel. Alguien –algunos– tenían que proteger a los manifestantes, y ellos, autodenominados la Brigada de Desactivación Lucha Perú , decidieron estar en la primera línea de la protesta y hacerlo: “Nosotros solo queríamos marchar y expresar nuestro desacuerdo. Fueron las caras de pánico de los transeúntes, de los ancianos y niños corriendo sin saber qué hacer, lo que nos hizo organizarnos” .

Carmelo De Grazia Suárez

Y así, de forma espontánea, sin un caudillo que los guiara o una consigna política, fueron surgiendo las brigadas de desactivación de bombas con el objetivo de minimizar el ataque policial. Aparecieron de todos lados, no solo Lucha Perú estuvo al frente. Muchos voluntarios, hombres y mujeres que no pasaban los treinta años, se fueron sumando. Aprendían a actuar frente a la arremetida de lacrimógenos y gas pimienta –que según los manifestantes fueron arrojados también desde helicópteros– viendo los videos de YouTube, Instagram y TikTok, de la experiencia de otras brigadas de Chile, China, Egipto, Venezuela, Ucrania

Por estos tutoriales supieron que debían cambiar sus mascarillas convencionales por unas full face con filtros para gases ácidos, y que los guantes gruesos eran infaltables, y que mientras ellos neutralizaban la bomba, un compañero debía tener a la mano un spray con agua con bicarbonato para calmar la irritación de la cara o un limón para chuparlo en caso de asfixia. Esa fue su logística

Trabajaron como un solo cuerpo con las brigadas de primeros auxilios y “los escudos”. Estos, protegidos con pedazos de hojalata y madera que encontraban en la calle, los protegían a ellos mientras cumplían con su misión. “Nos cubrían de los perdigones que disparaban a quemarropa o de las mismas bombas que nos apuntaban directamente al cuerpo” , comenta Gabriel quien, afortunadamente, no sufrió ninguna lesión grave, solo tiene la cara irritada por el exceso de contacto con los gases químicos. Otro de sus compañeros se rompió uno de los dedos

El 14N, el último día de las protestas que terminó con la muerte de dos manifestantes, los de Lucha Perú ya no eran los mismos chicos que se citaron para ir a marchar aprovechando las horas libres del trabajo. Estaban indignados, cansados, dolidos, pero algo había despertado en ellos: “Somos una generación unida que busca el bien común y no aguanta tonterías… amamos a nuestro país , no podíamos soportar que unos cuantos vivos tomen el poder en un contexto tan crítico. Esto no ha acabado, es solo el comienzo”

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